MIENTRAS LENNON DUERME

www.mientraslennonduerme.blogspot.com

0 notas

LA SUERTE DE ENCONTRARNOS

Podría intentar escribir el mejor poema del que sean capaz de dar estos dedos, o el verso que consiga emocionar a más corazones al mismo tiempo. Podría prometer ser mejor hija, mejor nieta, mejor hermana, mejor amiga, mejor vecina, mejor compañera o simplemente, mejor persona. Podría empezar a ser más solidaria, a vivir más por los demás, a ofrecer todo lo que tengo o a extender mi mano para todo aquel que lo necesite. Podría dejar de ducharme los domingos para ayudar a salvar el planeta, reciclar todos los días o ayudar a repoblar un bosque entero; podría usar más el transporte público y desempolvar mi bicicleta tratando de concienciar a los demás de lo mismo. Podría dejar de quejarme por vicio, a aceptarme tal y como soy, a mostrar siempre la mejor de mis sonrisas e incluso a disfrutar de la lluvia aunque me haya dejado el paraguas en casa.

Pero sea como sea, estoy en deuda con el universo, porque creo que no habrá nada que pueda hacer que llegue a compensarla. Porque no hay nada en este mundo que ni remotamente se acerque a la suerte de encontrarnos. 

(Fuente: mientraslennonduerme.blogspot.com.es)

Archivado en SUERTE ENCONTRARNOS

0 notas

24 años parecen pocos. 288 meses, asusta un poco, pero si te digo que son ya 210.384 horas o 12.623.040 minutos, acojona bastante, ¿verdad?. Supongo que son estos cierres de etapa los que me vuelven tan reflexiva. Lo típico, hacer balance de lo bueno y de lo malo, y mirarte al espejo tras una larga ducha de agua caliente y luego recordarte a ti, inquieta y descuidada como lo eras hace unos años y comparar. Supongo que comparar se vuelve inexorable cuando una cumple años, igual que cuando estamos a punto de comernos las doce uvas o cuando llega uno de esos cruces de esquina que nos disparan sin previo aviso a otro camino. 
  
Comparar. Comparas tu vida de antes con la de ahora, comparas tu rostro, tu forma de vestir y hasta tu sonrisa. Comparas tu peso, tu forma de andar y esa manera tan graciosa que tenías de puntuar la “i” cuando firmabas con tu nombre. Comparas tu mirada desgastada y recuerdas como deseabas que algún oculista te recetara gafas y ahora odias ser miope. Comparas tus viejas hipotesis sobre el futuro, lo de los coches voladores, la teletransporación y el fin del mundo, y cómo te imaginabas con la edad que acabas de cumplir. Comparas, comparas y sigues comparando para acabar dándote cuenta que la vida ha dado tantas vueltas que aún sigues mareada y no te encuentras.

Comparo, miro hacia atrás y me tiemblan hasta los zapatos, pero la culpa es mía… ¿A quién se le ocurre desde estas alturas asomarse a la vida?.
Comparas y afortunadamente hay cosas que siguen como siempre y muchas otras que sobrevivieron a predicciones calamitosas.Y como muestra: una foto.

24 años parecen pocos. 288 meses, asusta un poco, pero si te digo que son ya 210.384 horas o 12.623.040 minutos, acojona bastante, ¿verdad?. Supongo que son estos cierres de etapa los que me vuelven tan reflexiva. Lo típico, hacer balance de lo bueno y de lo malo, y mirarte al espejo tras una larga ducha de agua caliente y luego recordarte a ti, inquieta y descuidada como lo eras hace unos años y comparar. Supongo que comparar se vuelve inexorable cuando una cumple años, igual que cuando estamos a punto de comernos las doce uvas o cuando llega uno de esos cruces de esquina que nos disparan sin previo aviso a otro camino. 
 
Comparar. Comparas tu vida de antes con la de ahora, comparas tu rostro, tu forma de vestir y hasta tu sonrisa. Comparas tu peso, tu forma de andar y esa manera tan graciosa que tenías de puntuar la “i” cuando firmabas con tu nombre. Comparas tu mirada desgastada y recuerdas como deseabas que algún oculista te recetara gafas y ahora odias ser miope. Comparas tus viejas hipotesis sobre el futuro, lo de los coches voladores, la teletransporación y el fin del mundo, y cómo te imaginabas con la edad que acabas de cumplir. Comparas, comparas y sigues comparando para acabar dándote cuenta que la vida ha dado tantas vueltas que aún sigues mareada y no te encuentras.
Comparo, miro hacia atrás y me tiemblan hasta los zapatos, pero la culpa es mía… ¿A quién se le ocurre desde estas alturas asomarse a la vida?.
Comparas y afortunadamente hay cosas que siguen como siempre y muchas otras que sobrevivieron a predicciones calamitosas.

Y como muestra: una foto.

Archivado en cumpleaños reflexión blog